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Terapia de verano
TERAPIA DE VERANO

Dice el Instituto Nacional de Estadística que solo en 2007 se produjeron en España cerca de doscientas mil separaciones y divorcios por juzgado... A esta cifra habría que sumar la de las nulidades y la de las separaciones de hecho o como vulgarmente se llaman separaciones sin papeles.

El verano zaragozano invita desde las terrazas a sofocar los calores entre conversaciones pintorescas.

 

Lo hablaba el otro día con una buena amiga, psicóloga de profesión. Y ambos estábamos de acuerdo: los modelos de familia están cambiando. La pregunta de todo curioso profesional -yo reconozco que lo soy- es ¿y qué es lo que falla? Será por ser mujer o por ser psicóloga, pero el caso es que me preguntó:

 

- "Oye, ¿tu sabes por qué te quiere tu mujer?", ¡vaya con la preguntita!, pensé. Pero como la conozco bien sabía que tenía que responder.

 

- "Pues no sé... me quiere porque me quiere... son muchos años juntos..., los hijos..., los proyectos..., la casa... ¡qué se yo...! Me quiere porque me quiere... y ya está", respondí yo.

 

- "Harías bien en preguntárselo", me dijo. "Porque si no sabes por qué te quiere no sabes nada..., Porque no sabes en realidad la razón de que esté contigo".

 

- "¿Que le pregunte que por qué me quiere?... Pero eso es una idiotez... eso se sabe... ¡digo yo! Hombre, al fin y al cabo, si está conmigo... será porque ella me quiere" dije yo convencido.

 

- "Cierto", respondió mi amiga, "pero ¿por cuánto tiempo? Si la razón o razones por las que todavía está contigo no las sabes, lo que pasa es que no tienes ni idea de cómo hacerla feliz ni de cómo retenerla". "Mira -prosiguió- , seguro que a veces le has hecho un regalo que tu crees que le hará mucha ilusión y luego, aunque ella no te lo haya dicho, pues te has dado cuenta de que no era eso exactamente lo que ella quería... aunque a veces el regalo fuera carísimo ... Eso sí, tu estabas seguro de que era eso lo que ella quería o lo que necesitaba..."

 

- "Eso es verdad", le repondí.

 

- "Otras veces has escogido un restaurante, una película que ir a ver al cine, una sorpresa para las vacaciones... o cientos de cosas y te hago una pregunta: ¿a que en el fondo estabas segurísimo de que sabías lo que le gustaba? Pues ya ves, aún con todo te has equivocado. Y seguro que eso mismo además de con tu mujer, te pasa a veces con tus hijos, tus amigos o con la gente que aprecias...".

 

- "Oye... que a veces sí que acierto..." llegué a decir algo aturdido por la cascada de recuerdos y situaciones que se me agolpaban en el cerebro y que daban la razón a mi amiga.

 

- "Sí, claro, a veces aciertas... pero sigues sin responder a la razón profunda de por qué te quieren tu mujer, tus hijos o tus amigos...".

 

La respuesta me martilleaba en el interior. De vuelta a la oficina pensé que si ese razonamiento era válido para una pareja, también podía serlo para una empresa, ya saben, la cabra tira al monte. Así que empecé a escribir este artículo.

 

¿De verdad sabemos porque un cliente, un proveedor o un trabajador "nos quieren"? ¿Los modelos de empresa también están cambiando? Más de quince años hablando con empresarios y he oído de todo.

 

- "A mi me compran por precio", dicen muchos...

A estos les diría ¿y qué pasará cuando otro le de mejor precio? Se separará de ti. O sea, dejará de comprarte. Seguro. ¿Que no puedes remediarlo? ¿Que es que este negocio es así? Pues llévatelo por delante. Solo te quiere por eso. No lo olvides nunca. Y averigua si hay algo más que puedas hacer... porque a veces el dinero no lo es todo. No suele serlo nunca.

 

- "Mi calidad es inmejorable", dicen otros...

Habría que preguntarles a estos si la calidad, así, en general, es realmente algo objetivable. Además seguro que todos tenemos el típico amigo o amiga que tiene un novio, novia, amante, marido o mujer realmente insoportable, de fealdad suma, de carácter inaguantable, sin ninguna gracia y que sin duda, -pensemos para nuestros adentros- llegó tarde al reparto de dones de la naturaleza... Cuando nuestro amigo/amiga nos pregunta por su pareja nos suele decir que solemos decir eso tan típico de que es simpático/a, así como quien dice ¿pero qué te voy a decir si no entiendo qué has podido ver en semejante desaborío...? para al final acabar con la famosa frase que sentencia: "El amor es ciego". Claro que a nuestro amigo/a eso no se lo decimos.

 

Y en realidad habría que preguntarse si los ciegos no somos nosotros. Cuando alguien está con alguien tan "objetivamente desagradable" ¿no será que está por algo? ¿No será más bien que existen una o varias razones que nuestra "objetividad" no alcanza a ver? ¿No será que algunos sí saben por qué se quieren?

 

También hay quien manifiesta "a mí siempre me ha ido bien... entonces ¿por qué habrían de cambiar las cosas ahora?".

 

Este grupo es de los que más riesgo presentan. No hay nada peor que caer en la rutina. La mayoría de las cifras de separaciones proviene, según reconocen con el paso del tiempo los propios afectados, de que "el Amor es como una maceta, hay que regarla todos los días y si caes en la rutina... pues te pasa eso, que el día menos pensado pues va y se seca".

 

O sea, que o miro y aplico la cantidad de agua, abono, luz, etc., con regularidad o se pondrá mustia... Algunas macetas están mustias hasta que aparece un nuevo jardinero... et voilá! Se opera el milagro, de donde había una pequeña planta florece y crece con más fuerza que nunca, algo que sorprende sobre todo al viajero jardinero que no se explica tal situación...

 

Una variante del grupo anterior es la de aquellos que dicen "yo sé perfectamente lo que quieren mis clientes porque estoy con ellos todos los días..."

 

Mucho ojo con este grupo, es carne de Estadística del INE en el epígrafe de referencia. Se asemeja a ese discurso post separación, cuando llega la calma y se reflexiona al decir: "Yo creía que sabía perfectamente lo que él/ella quería cuando en el fondo me he dado cuenta ahora de que no le conocía... En realidad no sabía nada. Me pilló completamente por sorpresa...". Incluso, en ocasiones, añaden que "le hacía poco caso porque estaba completamente seguro de lo nuestro... ya sabes, donde hay confianza da asco...".

 

Y puede ser peor . Algunos reconocen haber descuidado a sus auténticos clientes en beneficio de otros no tan "buenos" con lo que se ha ignorado, o al menos descuidado a quien de verdad deberíamos haber atendido con exquisitez.. Ello recuerda a quien dice: "En realidad bajé la guardia porque me ocupaba más de otras cosas o personas que de quien, en realidad, debería haberlo hecho... Por eso se hartó y por eso se fue...".

 

Y es que no hay nada más peligroso  que creer que se sabe todo y dar todo por sentado.

 

Por último, un quinto grupo afirma que "más les vale a los clientes, o a los proveedores o a los trabajadores que exista yo , porque si no... pobrecicos, así les iría...".

 

Este grupo me recuerda a eso de que "estamos hechos el uno para el otro, más que nada porque ¿qué alternativa tendría el otro/a sin mí o yo sin él/ella? Triste pensamiento, habida cuenta de que si esa es la razón última de estar juntos, resulta evidente que cuando uno de los dos, por alguna razón, encuentre algo mejor, lo que está claro es que, aunque le cueste dar el paso, más pronto que tarde se separará. Tal vez no lo busque de manera activa..., pero no hay dudas de que las antenas "están activadas...".

 

Muchas de las personas que se han separado o divorciado afirman que la razón última de tal situación fue la de no saber responder a la pregunta de ¿por qué me quiere? Evidentemente, si lo hubieran sabido, hubieran reaccionado de inmediato.

 

También son muchos los que afirman que la separación les vino bien, pues comprendieron que la respuesta a esa razón última no pasaba por la persona con quien estaban.

 

Y, por último, también son muchos los que culpan a sus anteriores parejas y, sin un ápice de rencor, reconocen abiertamente que si hubieran respondido antes a la pregunta, habrían continuado viviendo felices con sus respectivos ex.

 

La verdad es que muchas de las empresas que han cerrado presentan exactamente los mismos síntomas. Si se me permite el símil es como ir al médico. ¿Cuándo vamos? Cuando nos encontramos mal. Sólo en ese caso. Y, claro, así nos va. Nos acordamos de Santa Bárbara sólo cuando truena, porque si hace sol, pues ¿qué quieren que les diga?

 

Al llegar a casa, y dudando de si entregar o no este artículo, fui directo hacia mi mujer. Quería averiguar tan pronto como fuera posible la razón por la que me quería. Cuando la tuve delante sólo acerté a decirle:

 

- "Te quiero".

 

- Ella me dijo: "Y yo a ti".

 

- "¿Por qué?", acerté a preguntar de sopetón.

 

- "¿Por qué... te quiero?", dijo ella perpleja.

 

- "Si exacto, ¿Por qué?", pronuncié firme aunque temeroso.

 

Me sonrió como sólo ella sabe hacer y me dijo:

 

- "¿Y por qué no?"

 

JUAN DELGADO.

 

 


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